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23.9.09

MQE... Capítulo 12.

¿Paz?

A la mañana siguiente todos estaban bastante abstraídos en sus pensamientos, Harry seguía profundizando en los actos de Malfoy y su aparente- y falsa, si le permitían agregar- amabilidad con Hermione.
A su vez, ella tenía esa esporádica sensación de olvido y contaba uno a uno los deberes que debía tener listos para hoy justo con pendientes o algún detalle que pasara por alto, sin embargo, todo estaba en orden. No obstante, la sensación continuaba.
Ron ni siquiera se encontraba entre ellos en la mesa, seguramente seguía en la Sala Común terminando el ensayo sobre la poción matalobos que Slughorn les pidió desde el Jueves pasado y por actividades ajenas a la materia, no pudo terminar, era por eso que estaba molesto con sus amigos ya que ninguno se prestó a dejarlo copiar o mínimo leer su redacción o por lo menos no Hermione.
En cambio, Ginny miraba recelosa a la pareja que estaba sentada frente a ella, sobre todo a Hermione, intercalando la vista entre su amiga y las manos de ambos que estaban firme y tiernamente apretadas sobre la mesa. Acto cursi que probablemente de estar presente, Ron hubiera recalcado.
Durante la mañana había escuchado por error a Lavander quejándose de los sollozos y susurros ahogados de Hermione entre la noche. No logró oír mucho debido a Parvati, ya que ella si tenía un poco de discreción y la hizo callar, recordándole la reciente muerte de sus padres demandando un poco de respeto hacía su compañera de dormitorio. No era empatía de ninguna forma era alguna clase de respeto que otorgaba la flamante insignia en el pecho de la joven que evitaba habladurías.
Poco después y sin ocultar la curiosidad Ginny abordo a Lavander cuando ésta se encontraba por entrar a clase de Adivinación, le cuestiono directamente sobre lo que hablaba en la mañana, era evidente que no le guardaba ni una pizca de comprensión a Hermione pues soltó lo que sabía con tono cruel y quejumbroso.
El único resultado de todo aquello fue saber que lloriqueaba una o dos veces por semana mientras dormía, lo que se resumía a la presencia de pesadillas, sin embargo una última mención de Lavander suscito un dato interesante para Ginny, había comentado de manera desinteresada que la “Perfecta Granger” nombro a Draco en sus sueños junto con “Jamás lo haría”
Las chicas de séptimo año creían que los premios anuales se traían algo más entre manos y no era del todo académico.
“Del odio al amor sólo hay un paso” recordó las palabras llenas de cinismo provenientes de Lavander.

Hermione levanto la mirada, dejando por fin de jugar con el tenedor dentro de la avena sin siquiera probarla, Ginny desvió tan rápido como le fue posible la vista pero era perceptible la manera en que la observo durante todo el almuerzo.
Ambas chicas habían tenido poca comunicación tras su reaparición en la Madriguera, algo le decía que Ginny tenía sus dudas al respecto de su regreso eso y el profundo resentimiento inexpresivo que guardaba muy dentro. En algún momento tras su descubierto amor, sintió culpa por haber traicionado a su amiga, ella sabía que estaba interesada en él y había sido ella quien le dio el consejo de intentarlo con otros muchachos, despertar en Harry la sensación de celos.
Y había sido ella y no Ginny quien vio plasmada la meta del consejo para sí misma, sin proponérselo.
Ginny fue madura y lo acepto, después de todo ellos se amaban y Hermione lo sabría hacer feliz. Se complementarían el uno al otro como lo hicieron desde el día en que se conocieron, ganarían sus batallas juntos.
Y así había sucedido hasta que desapareció y regreso siendo otra persona, alguien más fría y de comportamiento ajeno al suyo, su esencia reducida a la mitad, había algo sombrío tras la sonrisa que portaba cada mañana tratando de resignarse a la pérdida de sus padres.
Algo no cuadraba y nadie quería darse cuenta, sólo ella quería saber realmente lo que paso con su amiga, que fue lo que la aparto de manera tan permanente, porque la sonrisa jamás abordaba sus ojos cada que miraba al chico que sujetaba su mano.
- Pociones inicia en tres minutos- recordó Hermione tras varios minutos de mirar sin ver a Ginny- ¿Nos vamos?
- Pero Ron no ha venido aún- contesto Harry con aire preocupado, no por la tardanza de su amigo sino por la falta de su trabajo.
- Yo tengo que irme a Defensa Contra las Artes Oscuras- comento Ginny colgándose la mochila al hombro, ya sin mirarlos- Harry debemos entrenar esta tarde.
- Lo sé, en el campo a las siete.
- Adiós chicos- se despidió la chica reuniéndose con Luna unos metros antes de la salida.


Harry y Hermione emprendieron camino, no sin que el chico recogiera un pergamino que había fingido estudiar mientras comían, aunque los tres platos estuvieran intactos salvo el de Hermione, que estaba algo revuelto.
Al pasar por la mesa de Slytherin escucharon abucheos provenientes del sequito de Malfoy, la voz de Parkinson y las estúpidas risas de los gorilas de Crabbe y Goyle resalaron entre todos.
- Huele a huérfanos- se burló Pansy confiada en que la presencia de Malfoy intimidaría un poco a los alumnos. Draco la miro molesto, tenía el semblante cansado seguramente por la guardia de la noche anterior- ¿Piensan en abrir una sociedad de magos sin padres o sólo planean defender asquerosos elfos juntos? Eh, sangre sucia.
Las palabras de la chica ofendieron a Harry, haciéndolo reaccionar como si fuera Ron y no él, fue la mano de Hermione quien lo detuvo junto con las palabras que deseo pronunciar él.
- ¡Basta!- gruño Malfoy- Si piensas ofender al premio anual y al consentido de Dumbledore te advierto que yo no te lo impediré pero tampoco haré nada para sacarte del aprieto que tu boca provoque.
- Pero Draco…- dijo la sorprendida joven, viéndolo coger su mochila. Sus amigos lo miraban atónitos, fuera como lo vieran, había defendido a Granger.
- A un lado Potter, estorbas- rugió Malfoy al pasar a su lado, guiñándole un ojo a Hermione justo antes de desaparecer tras la puerta del Gran Comedor.


Harry todavía apretaba los dientes cuando se sentó en su mesa predilecta en la clase de pociones, ni notó la aparición de su amigo con su pergamino en la mano sonriendo con gratitud. Hermione sólo rodo los ojos, era inevitable que hicieran eso además sentía la necesidad de calmar a Harry, después de todo las palabras de alguien como Pansy Parkinson eran algo digno de ignorar. La había ofendido un poco el que se jactara de que no tenía padres pero lo tomaría por el origen y no por el mensaje.
Asimismo, había recibido su merecido cuando Draco le dejo clara su posición y eso le agrado, no sabía a qué se debía el cambio pero era bastante bueno.
- Buenos días jóvenes- los saludo el viejo Horace llegando al aula- Espero hayan terminado la redacción de la poción matalobos- la mayoría de los alumnos asintió enérgicamente- Me alegra, Accio.
Los papeles recorrieron la habitación y se plantaron en el escritorio del profesor, Ron recordó ponerle su nombre justo cuando los pergaminos desaparecían teniendo como destino el despacho de Slughorn.
- Genial- musito molesto, cruzando los brazos y recargándose en el respaldo irritado.
- Hoy trabajaremos en parejas- anuncio- Si han redactado e investigado bien sobre la difícil poción que están por realizar todo saldrá a pedir de boca. Veamos, Potter y Weasley, McMillan y Bones, Goldstein y Nott, Ah, Serñorita Granger permítame hacer un cambio para que quede con Harry…
- Eh, profesor falto yo- interrumpió Malfoy levantando la mano.
- Cierto, Potter quedas con Weasley, señorita Granger usted, si es tan amable de sentarse con el joven Malfoy- el profesor le hizo un ademán con prisa indicándole el asiento en la mesa vacía de Draco. No era de extrañarse que estuviera sólo, sólo había un Slytherin en la clase aparte de él y no se llevaban.
- Sólo es una clase- quiso tranquilizar a su novio que irradiaba coraje. Tomó su caldero y se mudó de mesa.
- Los materiales están en el armario- informo el profesor dejando que sus alumnos emprendieran carrera.
Hermione se levanto para ir por los ingredientes de la pócima pero su compañero de clase le impidió moverse, siendo él quien se encargara de ir por ellos y ponerlos a su alcance para iniciar.
Harry los observaba con los ojos entrecerrados sin sacar las sospechas contra Malfoy y su hipocresía, era sencillamente imposible que tratara bien a una de los culpables del encarcelamiento de su padre en Azkaban.
- Harry hace diez minutos que debías introducir eso en el caldero- le señalo Slughorn a la materia aplastada en su puño.
- Eso es asqueroso Harry- dijo Ron al notar el escurrimiento entre los dedos de su amigo.
Sin embargo, Harry seguía sintiendo que el corazón se le salía del pecho por el coraje, latiéndole bastante deprisa y de manera estúpida, ¿cómo podía sentir celos por Malfoy?
Draco se acerco a la oreja de Hermione y susurro algo que obtuvo por respuesta una sonrisa por parte de su novia y un asentimiento. Después de eso, la clase fue lenta e interesante, pues el caldero en que él y Ron trabajaban empezó a zumbar expidiendo alguna clase de gas soporífero que hizo caer en un ataque de risas tontas a varios de los presentes. Posteriormente Ernie dejo caer un poco del brebaje sobre la rodilla de Susan y le produjo una quemadura roja de mal aspecto.
Al final de las dos horas el profesor Slughorn les pidió que introdujeran una muestra en un frasco para analizar el progreso y los despidió con el rostro lleno de sudor por la clase tan bochornosa que tuvo.


- Al fin un descanso- comento Ron al salir- Necesito ir al Gran Comedor, no he probado bocado.
- Debes estar al punto del desmayo- se burlo Hermione haciendo alusión al insaciable apetito de Ron.
- Te contestaría eso pero tienes razón- respondió él.
- Bueno, diviértete terminando las sobras del desayuno- dijo Harry- Hermione y yo vamos a dar un paseo por el lago.
- Pero Harry, tengo que repasar el hechizo que Snape dejo.
- Por la Barba de Merlín, anoche te salió perfecto- afirmo Ron- Te sería tan difícil dejar de atormentarme con los deberes solo un instante.
Harry río por su comentario y salvo a su amigo de escuchar la respuesta de Hermione, ya que la cogió por los hombros y la dirigió al vestíbulo, sacándola del castillo para mostrarle algo que había tardado en obtener.

Hagrid estaba en los terrenos del colegio enseñándoles a los alumnos de tercer año alguna criatura peligrosa de la que no querían saber, aparte de que Harry aun le debía aquella charla y se la pasaba usando los deberes como pretexto para atrasar la reunión.
No quería sacar de nuevo el tema de la muerte de los Granger y desaparición de Hermione, no ahora que era relativamente feliz.
- Sé que piensas que se me ha olvidado- admitió Harry.
- Se te ha olvidado, ¿Qué?
- Vaya, lo has olvidado tú- se burlo Harry tomándola de la mano para indicarle que se sentaran al lado de un árbol que estaba junto al lago.
Hermione doblo sus rodillas y se recargo en el hombro de su novio, respirando un poco de la paz que rodeaba aquel secreto lugar. Estaban más allá del Sauce Boxeador, en la entrada del Bosque Prohibido que colindaba con el lago.
Harry saco un libro de cuero detrás de él, guardado seguramente en la mochila.
Era peculiar, llevaba un marco grabado de flores y algunas cosas escritas con runas en la portada, Hermione sólo pudo traducir la palabra vida.
- Feliz cumpleaños atrasado- la abrazo con dulzura- Fue un poco peliagudo conseguir las fotos y no estaba seguro de que fueras capaz de verlas todavía.
- Gracias, no debiste…- abrió el álbum y miro las primeras páginas de un ciento que contenía el libro.
Estaban sus padres, las fotos estaban un poco maltratadas pero lo esencial estaba plasmado en cada rostro que presenciaba, su padre la llevaba en brazos mientras su madre tomaba la foto. En otra estaban los tres, ella llevaba el aparato de ortodoncia y eso la hizo reír. Por un momento recordó lo maravillosos que fueron aquellas dos personas y lo bien que habían llevado su rol de padres. La felicidad que sólo te proporcionan tus familiares y el reconforte que jamás volvería a sentir.
Una lágrima choco contra la tercera foto, en la que portaba su recién comprada túnica para ir al famoso y hasta ese momento desconocido colegio de Magia y Hechicería.
Su emoción se vio nublada, reducida hasta el triste pensamiento de que ahora eso era lo único que le quedaba de sus padres, ya que ni siquiera tuvo la oportunidad de despedirlos formalmente y mucho menos pudo defenderlos.
De nuevo la impotencia invadió su ser.
Los dedos de Harry rozaron su piel, enjugando con ternura las lagrimas que seguían brotando.
- Dale la vuelta- le sugirió levantando su cara desde la barbilla.
Eran ellos dos, en una foto mágica, mucho más jóvenes de lo que eran ahora, Harry rehuía a la foto y Hermione recordó porque.
- Jamás la firmaste- sonrió de la misma manera en que lo hacía en la foto al ver a su amigo en la situación embarazosa.
- Colin espera una nueva a cambio de ésta- reconoció cambiando la página- Las demás están solas, esperando a que coloquemos un poco de tu vida a mi lado. Es posible que sea una historia corta pero digna de contar.
Aquel comentario fue bastante entristecedor para la chica. Harry tenía presente su futuro y no se daba esperanzas a sí mismo, pero ella sabía, algo le decía desde su corazón que sus pronósticos no tendrían la razón.
Harry Potter sobreviviría y lo haría a su lado, amándose como lo hacían ahora.
- Quisiera hacer algo, pero la Premio Anual de Gryffindor podría verme y restarme puntos por dañar un ejemplar como éste- señalo al árbol que les servía de respaldo.
- No creo que le importe- siguió su juego.
Harry saco la varita y comenzó a escribir con un poco de prisa las iníciales de ambos, una H al lado de Hr, cerrando la expresión con un corazón un poco desviado.
El chico la miro irradiando alegría, Hermione suspiro, sentía que el pecho se le ensanchaba por su corazón desbordado conteniendo la emoción. Se veían tan felices juntos, jóvenes y enamorados, dejando la huella de su amor dentro del lugar que vio su crecer sus sentimientos.
- Es hora de volver- indico Hermione con voz rota pero feliz.
- Si, antes de que Ron termine con el banquete de mediodía- rió Harry de su propio comentario.
Se levanto primero y como todo un caballero la ayudo a ella, tendiéndole ambas manos y jalándola para que estuviera de pie. Hermione llevaba en el rostro un amago de sonrisa mientras sujetaba con fuerza el álbum con algunas imágenes de sus progenitores, contemplando con ilusión la oportunidad de llenar las páginas restantes con fotos de ella y Harry.
El chico la rodeo con su brazo, acercando su cabeza a su mejilla, respirando acompasadamente, intentando aspirar el aroma que expedía Hermione desde su sweater y guardarlo en su memoria olfativa. Ella sabía que no podía sentirse más feliz, dadas las circunstancias, volvía a revivir la dulce felicidad que sintió antes de marcharse en Julio, tomando cada latido y traduciéndolo en una hermosa melodía que le recordaba a él…
… Y sucedió nuevamente, todo su amor y cariño se convertía en rabia, odio, podía sentir en su boca una amargura que no era suya, la esencia pura del aborrecimiento sentía tan ajenas las sensaciones pero tan propias a la vez. Luchaba por sacarlas de su cuerpo, ella no repudiaba a Harry, lo amaba.
“…La vida de Potter está en tus manos” los crueles susurros invadieron su mente, envenenando cualquier pensamiento positivo. “Te quedaste viendo, no hiciste nada…” Sus manos comenzaron a temblar y su expresión carecía de significado, de un momento a otro su semblante palideció. Aparto a Harry de ella y sintió alivio, renovando la rabia que la invadía de la misma forma en que la felicidad lo hizo segundos antes.
Estaba consciente de que le hacía daño y no haya un por qué.


Se llevo la mano a la cara, la cicatriz le privaba de ver que le pasaba, sus ojos estaban llorosos por el súbito dolor pero había pasado algo con ella y no podía darse el lujo de dejar que su vieja cicatriz lo incapacitara.
Le escocía tanto que parecía que Voldemort estaba en sus brazos y no Hermione, estaba en su mente, robándole su privacidad e introduciendo la suya. Se sentía molesto y desesperado.
- Hermione, ¿Estás bien?- le pregunto mientras apretaba más la cicatriz, rogando porque cediera pronto tratando de sujetarla pero su borrosa figura huía de él.
- N-no, no lo haré- susurro sin hacerle caso.
- Mírame- le pidió preocupado.
- Su…su vida es…la mía- volvió a susurrar, las palabras salían quebradas y siseantes.
- ¿De qué hablas?
La oleada de dolor evito que escuchara su respuesta, aunque presintió que no era exactamente una respuesta directa.
Alguien se acerco deprisa y le quito a Hermione de vista, sin lograr verlo Harry tomó las dos mochilas dando palmadas en el césped para recoger el regalo de Hermione.
- ¿Qué ha pasado Harry?- Hagrid inquirió llevando el cuerpo inconsciente de Hermione colgando en sus enormes brazos.
- No, no lo sé- balbuceo confundido- empezó a divagar, decía cosas sin sentido.
- Será mejor que la lleve donde Madame Pomfrey- comento el gigante alejándose varios metros con un solo paso.

El alivio tras semejante dolor era inconfundible, desapareciendo conforme Hermione se alejaba con Hagrid.
Se limpió las lágrimas que le quedaron en los ojos, sin querer recordar lo que dijo y mucho menos su expresión llena de remordimiento y dolor, ¿Qué pasaba con ella? De un instante al otro cambio radicalmente su conducta, distante y retraída, terminando en una serie de frases carentes de sentido.
Para cuando Harry lo alcanzo, Hermione se encontraba en la cama de la enfermería recuperando el sentido, mirando confundida a su alrededor al tiempo que Madame Pomfrey le preguntaba lo de siempre.
Hagrid no podía quedarse dentro de la enfermería por mucho tiempo, debido al espacio en cada cubículo además, había abandonado su clase para ayudar a Hermione, ya se enteraría después que le había sucedido cuando la dejaran salir de ahí.
- Tengo que irme Harry, los chicos de tercero son muy testarudos- dijo ansioso- Ya está mejor no ha sido nada grave, espero. Bueno, nos vemos para tomar el té pronto.
Se marcho como quien no quiere la cosa.


Fue hasta donde Hermione bastante despreocupado tras su “ataque”, la impaciencia lo estaba matando, debía preguntar de qué hablaba cuando empezó a sentirse mal, ¿De quién era la vida que también era suya? Y, ¿Qué era exactamente lo que no haría?
- ¿Cómo te sientes?- fue lo único que salió de su boca, no tuvo el valor de preguntarle nada, no después de ver las lágrimas secas sobre su mejilla y su gesto contraído por algo que seguramente intentaba borrar de su mente.
Estaba demasiado pálida y temblaba ligeramente, sollozaba aun en silencio mirándose las manos, parecía estar en otro lado ya que no le contesto con rapidez, era tan triste verla así.
- B-bien- respondió de forma lacónica.
- Me has hecho pasar un susto terrible.
- No era mi intensión- se disculpo, parecía ausente y culpable, rehuía la mirada tal cómo el primer día en Hogwarts después de que saco el tema de sus padres.
- Has tirado esto- le entrego el álbum dubitativo, tal vez todo inicio gracias a su regalo y la metralla de recuerdos que la hizo regresar al día más negro en su vida.
Era probable que divagara mientras se desmayaba, eso explicaría – o por lo menos Harry así creyó- su ataque de nervios y su pronta inconsciencia, menos mal que Hagrid estaba tan cerca.
Aunque algo en los segundos que pasaron entre la histeria de Hermione y su dolor en la cicatriz le trajeron a la mente la última vez que Voldemort dejo que presenciara sus emociones, la noche en que sintió la victoria invisible de El-Que-No-Debe-Ser-Nombrado y su festejo premeditado antes algún plan sin concretar. Las emociones, inclusive ahora, seguían siendo confusas y contrariadas, ¿Cómo podía estar feliz si estaban terminando con lo único que lo mantenía vivo?
- Ah, gracias- siseo cogiéndolo sin levantar la mirada, como si temiese de lo que pudiera ver- ¿Harry…- el chico la miro con atención y ternura acercándose a ella como si su tono se lo implorara- Podrías abrazarme?
Harry sonrió, dejo las dos mochilas que colgaban de su hombro en la silla que estaba al lado de la cama, se sentó a su lado con cuidado y la cobijo con sus brazos, dejando que el enmarañado cabello de su novia le hiciera cosquillas en la mandibula; Hermione se recargo en su pecho suspirado cortadamente, llorando en silencio amargamente.
El joven no tenía idea de que hacer en esos momentos, usualmente ella era la que le decía que hacer en cuanto a eso se refería, no obstante, hoy era ella la que se encontraba en una situación inconsolable. Poso su mano en su cabello y lo acaricio con cariño, incapaz de hacer otra cosa.
- Te quiero- le susurro al oído cuando su cuerpo se sintió flojo, pues se había quedado dormida.

Madame Pomfrey apareció del otro lado de la cortina que separaba las camas, ordenándole con sutileza que se fuera a clases e informándole que después de la siesta y una poción que Dumbledore le había hecho llegar, la dejaría irse a su Sala Común.
Harry asintió, un poco molesto por tener que dejarla sola y vulnerable. Olvidando de nuevo la importancia de saber que sucedía con ella, conformándose con la poca alegría que estuviera capacitado en darle.

- ¿Dónde te has metido? He estado esperando… Un momento, ¿Y Hermione?- Ron lo interrogo al llegar a la fila para la clase de Snape.
- Se ha puesto mal, Hagrid la ha llevado a la enfermería- le explico con tono frustrado, daría lo que fuera por seguir a su lado.
- ¿Ha sucedido algo malo?- pregunto mostrando su preocupación sobre el estado de su amiga.
- Se ha desmayado cuando regresábamos al castillo, Madame Pomfrey la dejara salir al terminar las clases.
Ron seguía intranquilo pero calmado cuando la fría voz de Snape lo dejo pasar al aula, ninguno se percato de que alguien prestaba bastante atención a su charla.
Ambos chicos caminaron a su asiento de siempre, hasta atrás del salón donde Snape, de cualquier manera, sabía lo que hacían. Dejaron sus cosas en los costados de la banca, Harry ni siquiera tuvo tiempo suficiente para llevar las pertenencias de Hermione a la Torre de Gryffindor.
Snape comenzó a repasar la lista tan pronto el último alumno se sentó, no solía dar tiempo para llegar tarde y si a alguien se le ocurría presentarse a mitad de la lista, solía irritar al profesor hasta el punto de que la clase se volviera pesada incluso antes de que Snape empezara a dar la nota.
- ¿Señorita Granger?- repitió el nombre de la única persona que no contesto a la primera- ¿Alguien amable que me diga el paradero de la Señorita Granger?- pidió con duro.
- Hermione está en la enfermería, señor- dijo Ron.
- Ah- fue la única respuesta de Snape antes de seguir nombrando alumno por alumno.

Draco se removió ávido en su silla, mirando por el rabillo de su ojo a Harry. Era necesario que fuera a ver a Hermione a la enfermería, la probabilidad de que el único defecto en el traspaso de alma era el responsable de la estadía de la chica en ese lugar, era increíblemente enorme. Ni siquiera se dejaba dudar, no era la primera vez que el señor Tenebroso se quejara de lo melosa que se ponía Hermione al estar con su noviecillo de pacotilla.
De ser tan constante la entrada en la mente de ambas partes, alguno de los dos tendría que empezar a proteger sus pensamientos antes de que Potter y sus amigos empezaran a usar el cerebro para descubrir el plan y echarlo a perder.
El tiempo pasaba con suma lentitud, sin embargo, las cosas con Granger se estaban dando bastante bien, su comportamiento demostraba que, poco a poco, el designio de su amo llegaría a ser real y que la vida de Harry se media en segundos.
La mirada de Snape intercepto la suya, obligándose a cambiar el rumbo de sus ideas.